La influencia de la tecnología no entiende de fronteras. Incluso en las zonas más remotas, pobres o deprimidas del planeta el teléfono móvil está presente como herramienta de uso común. Según datos del Observatorio Empresarial contra la Pobreza, el 70,4% de los habitantes de los 47 países menos desarrollados del mundo están abonados a un servicio de telefonía móvil. Pero, ¿qué sucede cuando las necesidades básicas no están cubiertas? En un continente como el africano, el más empobrecido del mundo, con cerca de la mitad de la población viviendo con menos de 2 dólares diarios y con la mayor parte de los niños en riesgo de pobreza extrema, ¿es realmente la llegada de la tecnología un debate pertinente? Posiblemente sí, veamos por qué.
Ya lo apuntaba un informe de la tecnológica Cisco hace unos pocos años: para 2021 se preveía que hubiera más gente en el mundo con un dispositivo móvil que con acceso a agua potable. Este estudio estimaba que este año 5.500 millones de personas estarían usando teléfonos móviles, mientras que solo 5.300 millones tendrían acceso a agua corriente.
Más aún, sus predicciones apuntaban que para 2023 habrá 1,6 dispositivos conectados por persona en el mundo (2,9 dispositivos en Europa occidental, 3,3 en Estados Unidos y 1,1 en Oriente Medio y África) y que en Medio Oriente y África, un 35% de la población tendrá acceso a internet. En total, y teniendo en cuenta un volumen de población de 1.800 millones de personas en esta región, dentro de dos años habría 1.000 millones de dispositivos móviles (un 57%).